Por Ronda Thorington, máster en Humanidades, consejera profesional licenciada
Las fiestas suelen representarse como un momento alegre y tranquilo, con imágenes de luces brillantes, mañanas acogedoras y risas alrededor de una mesa. Sin embargo, para muchas familias, esta época del año supone un reto diferente. Entre brotes impredecibles, preocupaciones por los viajes, rutinas médicas y agotamiento emocional, decir que las fiestas son estresantes es quedarse corto.
El año pasado, había imaginado un tranquilo día después de Navidad, pasando el rato en pijama y viendo películas con mi familia. En cambio, nuestra casa se vio afectada por el COVID y el norovirus al mismo tiempo (¡qué casualidad, ¿no?!). Mi hija, que tiene problemas médicos complejos, enfermó gravemente. Lo que siguió fue una sucesión confusa de noches sin dormir, llamadas al médico y visitas a urgencias. No fueron las vacaciones que había planeado, pero me enseñaron una lección importante: la paz no se encuentra en los planes perfectos, sino que se crea momento a momento, incluso cuando las cosas salen mal.
Estas son algunas de las lecciones que aprendí de esa experiencia:
1. Celebra las pequeñas victorias
Cuando la vida se sienta impredecible, fíjate en lo que está funcionando. Quizás tu hijo desayunó, tu familia compartió una risa o lograste darte una ducha rápida. Estas pequeñas victorias son importantes. Nos recuerdan que el progreso, por pequeño que sea, sigue siendo progreso.
2. Mantén las tradiciones, aunque las adaptes
Las tradiciones aportan consuelo y estabilidad. Cuando mi hija estaba demasiado cansada para unirse al brindis de Año Nuevo de nuestra familia, le llevamos la sidra espumosa a su cama. Ese pequeño gesto nos recordó que la alegría puede existir en nuevas formas.
3. Permítete sentir todo
La culpa, la preocupación y la decepción son normales. No tienes que reprimirlas. A veces, permitirte llorar, desahogarte con un amigo o tomarte un momento de tranquilidad puede ayudarte a que esos sentimientos pasen, en lugar de apoderarse de ti.
4. Concéntrate en lo que puedes controlar
No puedes prevenir todos los brotes o enfermedades, pero puedes controlar cómo respondes. Concéntrate en la comodidad, la conexión y las pequeñas cosas que te aportan paz. Ese cambio de mentalidad convierte la impotencia en empoderamiento.
5. Prioriza el autocuidado sencillo
Ya conoces el dicho: ‘no se puede verter de una taza vacía’. Incluso cinco minutos de descanso, una bebida caliente o un breve paseo pueden ayudar a tu cuerpo y tu mente a recargar energías. Pide ayuda cuando la necesites. Tu bienestar también es importante. Cuidarte a ti mismo es cuidar a tu ser querido.
Encontrar la alegría, momento a momento
En estas fiestas, recuerda que la alegría no depende de que todo salga bien. Se puede encontrar en las risas durante los momentos más locos (incluso durante la COVID y el norovirus), en la tranquila gratitud a la hora de acostarse o en la calidez de estar juntos.
Te mereces la paz, incluso en medio de la tormenta.
-Noviembre de 2025