A menudo se describe a los hermanos de niños con enfermedades raras como resilientes, empáticos y maduros para su edad, y así es. Pero detrás de esas fortalezas se esconden pérdidas más silenciosas, que a menudo no se expresan. Este artículo explora lo que los hermanos “pierden en el fuego” de la enfermedad rara e invita a comprender su experiencia de una manera más honesta y compasiva.

Me di cuenta de que estaba posponiendo la redacción de este blog. A primera vista, sería fácil culpar a una agenda apretada o a una temporada agitada. Y sí, todo eso es cierto. Pero después de más de 20 años como terapeuta clínica y 14 años viviendo la experiencia de ser madre de un niño con una enfermedad rara, sé que no es así. La procrastinación como esta suele tener raíces más profundas.

La verdad es que dudé porque este tema es complicado.

Incluso después de todos estos años, sigue siendo difícil aceptar la realidad de lo que soportan los hermanos de niños con enfermedades raras. Lo que soportan mis hijos. Es mucho más fácil hablar de sus fortalezas: su empatía, su madurez, su capacidad para adaptarse de formas que superan con creces su edad. Esas cosas son reales. Son hermosas. Merecen ser reconocidas y celebradas.

Y No podemos limitarnos a contar solo esa parte de la historia.

Porque cuando solo destacamos lo que ganan los hermanos, corremos el riesgo de pasar por alto lo que pierden en el fuego.

Y hay pérdidas. Pérdidas que pueden romperle el corazón a un padre.

No siempre es evidente. No siempre se dice. Pero, aun así, es real.

Los hermanos de niños con enfermedades raras suelen perder parte de una infancia que podría haber sido diferente. Pueden perder:

Hablar de estas pérdidas no tiene que ver con la culpa. No se trata de culpar a nadie.

Se trata de la verdad.

Porque cuando estamos dispuestos a reconocer lo que se ha perdido, creamos un espacio para responder con intención, en lugar de basarnos en suposiciones.

Empezamos a ver a los hermanos de una manera más equilibrada. No solo como los “fuertes” o los “que ayudan”, sino como niños con sus propios mundos interiores, necesidades y dolor.

Y desde ahí, podemos empezar a apoyarlos de otra manera:

Esto es lo que me da fuerzas, incluso en medio de esta realidad:

Reconocer la pérdida no resta fuerza a lo que estos hermanos logran desarrollar. Más bien, nos ayuda a comprenderlo mejor.

Porque su empatía no surgió de la nada.
Su fortaleza se forjó en algo real.
Su perspectiva se vio influida tanto por el amor y pérdida.

Y cuando reconocemos ambas facetas de su experiencia, les brindamos la oportunidad de sentirse plenamente comprendidos.

No solo por cómo se muestran ante los demás, sino por quiénes son y qué llevan consigo.

El incendio ha causado pérdidas. No hay duda de ello.

Pero también hay una oportunidad… para involucrarnos de manera más consciente, para amar con mayor determinación y para asegurarnos de que estos hermanos increíbles no solo sean admirados… sino que reciban un apoyo de verdad.

por Ronda Thorington, MA, LPC

Mayo de 2026

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